Una situación en la que un tercio del electorado tratan de imponer a toda costa a la mayoría de los votantes (nada menos que el 70 por ciento) un proceso soberanista constituye un espectáculo extravagante y ridiculo que no beneficia ni a la sociedad catalana ni al resto de España, inmersos como estamos en un contexto de severa crisis económica planetaria.
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