Se puede afirmar, siguiendo las tesis de Tzvetan Todorov expuestas en su libro "Los enemigos íntimos de la democracia", que los populismos son uno de los mayores peligros que acechan a la democracia.
Los discursos populistas, sea cual sea su color político, están caracterizados por ser discursos básicamente demagógicos, pues tratan de hacer prevalecer el interés de una minoría sobre el de la mayoría, utilizando para ello argumentos falaces, inválidos o simplistas.
Destacados filósofos griegos como Aristóteles ya consideraban el populismo como una de las formas mas explicitas de perversión del gobierno democrático. Los partidos populistas suelen convertir a su adversario en enemigo y le hacen la guerra. Los políticos populistas no se reconocen ni de izquierdas ni de derechas, porque pretenden estar con el pueblo. Estos políticos identifican a un culpable de todos los problemas y lo señalan para que el pueblo se vengue. Es precios arrinconar a sus enemigos previamente señalados con el dedo, apartarlos o eliminarlos. Los populismos, esos enemigos íntimos de la democracia, actúan sobre las emociones del momento.
Los partidos nacionalistas en Cataluña tratan de resolver las preocupaciones de mucha gente con soluciones fáciles de entender, pero prácticamente imposibles de aplicar. Estos partidos convierten a sus oponentes en enemigos para que, excitando las emociones del pueblo, en determinadas circunstancias este trate de expulsarlos.
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