Hubo una época no lejana en la que entre los catalanes había bastante pluralidad de opiniones, alto nivel de tolerancia, brillantez, inspirado dinamismo, creatividad y riqueza cultural, antes de que se impusiera la rígida uniformidad de la ideología nacionalista-independentista, con su típico perfil mediocre, decadente y de tintes grises.
En aquellos tiempos Barcelona era una urbe cosmopolita y no necesitaba pedir su entrada en Europa, porque ya era Europa. Todo esto sucedió en una época anterior a la instalación en la sociedad del modelo único nacional-separatista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario