Como una prueba más de su empecinamiento y de su escasa imaginación, lo único que se les ocurre a los políticos y gerifaltes independentistas para solucionar la situación de bancarrota en la que se halla la economía catalana es amenazar con la separación, que a buen seguro conllevaría más paro, más deuda y más bancarrota, debido a la inestabilidad e incertidumbre que sin duda provocaría la independencia.
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