viernes, 11 de diciembre de 2015

EL FANATISMO IDENTITARIO

Cualquier forma de fanatismo me parece aborrecible. Y el fanatismo que, por desgracia, campa a sus anchas en tierras catalanas, el fanatismo identitario, es una verdadera lacra para la sociedad catalana tomada en su conjunto.

Y es una lacra por numerosos motivos: por el grado tan elevado de control de los medios de comunicación, el desmedido adoctrinamiento educativo, los gastos innecesarios en embajadas en plena crisis, la presión social sobre los no adeptos al Régimen Nacionalista, el atraso que para una sociedad supone el hecho de que en su seno se desarrolle algún tipo de fanatismo, el callar por miedo a ser rechazado, el aceptar la corrupción porque es la corrupción de "los nuestros", etc. 

EXTRAER MÁS Y MÁS

El llamado "proceso soberanista", es la práctica funciona como un " proceso extractista" realmente eficaz. 


Desde que comenzó este proceso, en el año 2012, el Gobierno Central han enviado a Cataluña remesas de dinero por un valor de miles de millones de euros, con la vana ilusión de apaciguar la ira y el victimismo de los independentistas.


Los partidos separatistas, gracias a la presión ejercida, han alcanzado sus objetivos a corto y medio plazo: extraer del Estado cantidades ingentes de dinero.

EL DESCONOCIMIENTO Y LA INCONSCIENCIA

Los independentistas, tanto los líderes como los seguidores, se zambullen en la inconsciencia porque no saben a dónde van ni de qué se separan. 

Ese futuro espléndido que dibujan para una  Cataluña separada no es más que una quimera. O, al menos, un objetivo teñido de incertidumbre, pues nadie, ni siquiera los cabecillas independentistas, conocen el porvenir.


Tampoco saben exactamente de qué país se separan. España no es la nación atrasada y fascista que ellos imaginan.



España es una nación democrática y está entre los 15 países más desarrollados y potentes económicamente hablando del planeta. Esto no es cualquier cosa, si tenemos en cuenta que en el mundo hay unas 200 naciones.

viernes, 4 de diciembre de 2015

¿QUÉ SIGNIFICA "HACER PAÍS"?

¿Para los políticos nacionalistas, qué significa hacer país?

Llenarse los bolsillos.

ODIO ES LO QUE OFRECEN

Lo que ofrece el independentismo catalanista a la sociedad es ODIO.


Es el odio lo que empuja a los separatistas a dislocar la historia.



La animadversión les impulsa a suprimir el español como lengua vehicular en la enseñanza.



No es otra cosa que  odio lo que les impide reconocer todos los aspectos positivos que ha tenido Cataluña en su relación con el resto de España.



El odio les conduce a rechazar de modo enfermizo todo lo que ellos asocian con España y lo español.

El odio que caracteriza al movimiento separatista es un sentimiento dañino y destructivo.  Y, por desgracia, lo que han venido a traer a la sociedad catalana los independentistas es daño y destrucción.

PRUEBA DE LA PROFUNDA INSANIA...

Prueba de la profunda irracionalidad y del espíritu convulso que caracterizan al movimiento independentista es que en una época de crisis económica a nivel planetario, la única solución que se les ocurre para solventar esta terrible crisis es pedir la independencia, un hecho se mire como se mire traumático, tanto para España como para la región catalana y de consecuencias imprevisibles.

AL ROMPER ESPAÑA...

Al romper España rompen Cataluña. Lo vemos a diario: familias divididas, enfrentamientos políticos, los catalanes separatistas tratando de arrinconar a  los catalanes españoles...

Y, cuanto más intentan los independentistas resquebrajar y dividir España, más rompen y dividen Cataluña. 


En mi opinión, esta es una prueba clara de lo unida que está la región catalana al resto de España. No es posible arrancar Cataluña del resto de España sin fracturar al mismo tiempo a la propia Cataluña internamente.

domingo, 26 de julio de 2015

EL ESPERPENTO VALLEINCLANIANO SE QUEDA CORTO

Artur Mas, cuando abandone su cargo de president, cobrará una jugosa pensión vitalicia del Estado Español, al que el president desobedeció repetidamente y desafió con todas sus fuerzas, generando inestabilidad política y social durante años en plena crisis económica mundial.

El president cobrará de por vida decenas de miles de euros del Estado al que este señor, en vez de representarlo en Cataluña como era su función legal, despreció, insultó, calumnió y, para colmo, desprestigió internacionalmente.

Además, muy probablemente, pondrán al servicio del ex-president una secretaria y un coche oficial, como reconocimiento a los "servicios prestados".

Todo esto nos demuestra las cotas tan altas de esperpéntico absurdo que es capaz de alcanzar la política.

FRIKIS DE LA POLÍTICA

Los líderes y la tropa de seguidores de ERC (Esquerra Republicana de Cataluña) son un tipo de izquierdistas de lo más raro que uno pueda encontrar en el planeta Tierra. 


De hecho les podríamos incluir en una clasificación de políticos "frikis", pues en realidad son unos reaccionarios de tomo y lomo, pero asombrosamente siguen creyendo que son muy de izquierdas.

Quienes comulgan con el ideario de Esquerra son reaccionarios (pese a las apariencias), porque es un hecho extraño, insólito, a la vez que grotesco, extravagante y contradictorio que ULTRANACIONALISTAS como los de ERC puedan ser, al mismo tiempo, de izquierdas.

¡Desde cuándo quienes profesan una ideología ultranacionalista, históricamente creada por el núcleo duro de la derecha y tradicionalmente asociada a los sectores más carcas y conservadores de la sociedad son también progresistas e izquierdistas!

DESTRUIR ESPAÑA MEDIANTE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA

Los separatistas pretenden utilizar la democracia española para reventar España desde dentro, mediante elecciones autonómicas (amparadas por la Constitución Española) a las que dan carácter plebiscitario,  alentando a la sedición desde cargos e instituciones creadas por el sistema democráctico vigente en España (la Generalidad, el puesto de presidente de una autonomía, etc.) , utilizando dinero del Estado Democrático español para financiar el proceso soberanista, mediante referéndums...

Hasta ese punto llega su desprecio y su odio fanático contra España.  Hasta el punto de utilizar a España para destrozar España.

lunes, 6 de julio de 2015

PREDICAN UNA COSA Y HACEN OTRA. VIVA LA CONTRADICCIÓN

Mientras que fuera de Cataluña los políticos nacionalistas e independentistas predican la asimetría, el respeto a las diferencias, la libertad y el pluralismo y, además, se las dan de modernos y avanzados, paradójicamente, en el interior de Cataluña de puertas adentro hacen todo lo contrario. 

Es decir, tratan con todas sus fuerzas de aplicar un centralismo totalitario de corte catalanista y catalanizador, que se concreta en la práctica en el control cada vez mayor de un número creciente de ámbitos de la sociedad, en la instrumentalización partidista de los medios de comunicación públicos y algunos privados, en la utilización del sistema educativo poniéndolo al servicio del soberanismo y en la aplicación de forma tenaz y sostenida en el tiempo de un modelo de uniformidad para Cataluña.

LA INFLUENCIA DE FRANCIA

Muchos independentistas en Cataluña presumen de la influencia que han recibido de Francia, sus costumbres y cultura. También utilizan la idea de la influencia gala como base para justificar la supuesta "diferencia".

Creo que -lo reconozcan o no los separatistas- de Francia lamentablemente han copiado  el defecto del chovinismo: "lo francés es lo mejor", pues los catalanistas radicales piensan que "lo catalán es lo mejor".

Además ha tenido influjo sobre la mentalidad y la ideología de los nacionalistas independentistas el llamado "poujadisme", una "actitud política de pequeños comerciantes y pequeños propietarios que se preocupan de su interés inmediato", según la definición de Jean Riverain, quien añade que es "una constante del temperamento francés".

Sin embargo, curiosamente, -y esto entra totalmente en contradicción con Francia- los  catalanistas pro independencia rechazan con firmeza el centralismo, una de las características básicas de la política francesa desde la época de los reyes borbones.

jueves, 4 de junio de 2015

HISTORIA DE UNA ABERRACIÓN LINGÜISTICA 1

La piedra de toque de la convivencia de los españoles es el caso de la política de "normalización lingüística" que se suscita en las comunidades bilingües. El problema es el siguiente. Algunas regiones (Cataluña, C. Valenciana, Baleares, País Vasco, Navarra y Galicia) tienen dos lenguas. Realmente eso quiere decir que casi todos sus habitantes hablan otra lengua. No se discute que esa realidad suponga una gran riqueza cultural, pero es también una realidad conflictiva.El problema está en que esa otra lengua privativa de la región, o de una parte de la misma, se considera oficialmente como "propia" de la comunidad respectiva. Ahí empieza la confusión. Al ser "propia", pero no ser del todo general, las autoridades entienden que la lengua regional debe ir desplazando al castellano en la enseñanza y en la vida oficial. El asunto es endiablado. Tal parece que se cumple el mito de la torre de Babel. No hay discusión política que se preste más a la confusión, a los argumentos viscerales, enconados. Los españoles respiran por la herida de la lengua. Es un asunto que está presente en cualquier reunión familiar o amical.
Si la confrontación fuera entre dos lenguas igualmente minoritarias en el mundo (catalán y vasco, gallego y valenciano), el problema tendría mejor solución. Simplemente se formarían dos comunidades lingüísticas, como es el caso frecuente en muchos países. Pero resulta que el conflicto es siempre entre el castellano y alguna de las otras lenguas. Da la casualidad de que el castellano es el único idioma en el que se pueden entender todos los españoles y es, además, una lengua de comunicación universal. La desproporción de los contrincantes es tal que obliga a los nacionalistas de las otras lenguas a extremas sus posiciones. La intención de los políticos "normalizadores" es la de erradicar el castellano, por lo menos en un futuro incierto. Este deseo se viste con la infausta expresión de "inmersión lingüística". Consiste en que los niños inician su educación primaria sumergidos en un medio donde sólo se hable la lengua "propia". Propia no tanto de los niños como de las autoridades "lingüísticas". Esta pretensión viene a ser un desiderátum muy útil para mantener la llama del nacionalismo. Fuera de la lengua privativa de las regiones bilingües, pocos elementos hay para que sus habitantes se sientan "diferentes" del resto de España. El problema es que el experimento de "inmersión" se hace a costa de muchos niños, que son sumergidos en un medio lingüístico distinto al familiar. Es un caos modélico del viejo principio autoritario: fiat justitia, pereat mundus. Es el grito que acompañaría las acciones de los terroristas si estos supieran latín.
Antes de entrar en la situación catalana, bueno será llamar la atención del lector hacia una obra meritísima, la de Manuel Jardón sobre la "normalización lingüística" del gallego. No procede aquí más que esa llamada para indicar que la cuestión del conflicto de las lenguas alcanza a todas las regiones bilingües. Cada una de ellas tiene su peculiaridad.
La actual situación lingüística de Galicia, según nuestro autor, es la de una "diglosia al revés" de lo que fue la tradicional. Es decir, se impone el gallego en la vida oficial, mientras la relación cotidiana se desarrolla en castellano. Esta situación se reproduce en algunas otras regiones bilingües. Un dato expresivo. Sobre los ribazos de cemento que bordean el cauce del Turia en Valencia muchos jóvenes han escrito llamativas pintadas amorosas. El texto básico suele ser "Te quiero, Amparo" o el nombre respectivo de la amada. Pues bien, prácticamente todas las pintadas se escriben en castellano. Al mismo tiempo, las señales de tráfico de las autovías que rodean el cauce van cambiando de idioma; se redactan cada vez más en valenciano. Es un ejemplo visual de la "diglosia al revés" que cita Jardón. Hay otra expresión más seria. La mayor parte de la literatura periodística que, en las regiones bilingües, clama por la "normalización de la lengua propia", se escribe en castellano. Es curioso que no se haya producido nada parecido a lo que podría ser la "normalización periodística".