Prueba de la profunda irracionalidad y del espíritu convulso que caracterizan al movimiento independentista es que en una época de crisis económica a nivel planetario, la única solución que se les ocurre para solventar esta terrible crisis es pedir la independencia, un hecho se mire como se mire traumático, tanto para España como para la región catalana y de consecuencias imprevisibles.
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