Los independentistas, tanto los líderes como los seguidores, se zambullen en la inconsciencia porque no saben a dónde van ni de qué se separan.
Ese futuro espléndido que dibujan para una Cataluña separada no es más que una quimera. O, al menos, un objetivo teñido de incertidumbre, pues nadie, ni siquiera los cabecillas independentistas, conocen el porvenir.
Tampoco saben exactamente de qué país se separan. España no es la nación atrasada y fascista que ellos imaginan.
España es una nación democrática y está entre los 15 países más desarrollados y potentes económicamente hablando del planeta. Esto no es cualquier cosa, si tenemos en cuenta que en el mundo hay unas 200 naciones.
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